Os parecerá extraño, pero lo primero en que me he fijado de este vídeo ha sido ese horrible póster de Tokyo Hotel que la muchacha exhibe con tanta desvergüenza, como si fuera algo de lo que enorgullecerse. A pesar de no perdonárselo, he seguido echando un vistazo a la perra que baila porque sus movimientos carentes de gracia alguna tienen cierto atractivo. Es tan desastrosa meneándose que no puedes apartar la mirada. Cuesta ponerse con esos movimientos tan torpes, pues su sutileza es la de un elefante en una ferretería, y la cosa solo se pone mínimamente interesante cuando descubre su coño y sus pequeños pechos. No es que lo haga mejor, pero captará más público de esa manera. Eso sí: tiene buen culo y nadie puede decir lo contrario. ¿A alguien más le apetece bailar?

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