Cuerpazo digno de una estatua griega, marmóreo, tanto por la blancura de la piel como por la firmeza de esos pechos recién eclosionados. Ni la estatua de una diosa griega, ni la Venus de Milo gozan de tan buen aspecto como el que tiene esta joven. Acariciar el mármol caliente de su piel debe ser un placer reservado a algún tÃo con suerte, nosotros hemos de contentarnos con su simple visión. Pero la imaginación no tiene fronteras ni paga aranceles, asà que pongámosla en marcha e imaginemos nuestro cuerpo junto al suyo, nuestra boca en esas tetas turgentes y nuestra polla intentando taladrar el blando mármol de su coñito.

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